La buhardilla. Un refugio en el que hay viejas cajas con fotos, poemas, cartas. Un sitio en el que no hay televisor, ni radio ni tumulto. A lo sumo hay alguna música apropiada entre los necesarios silencios.
toda la ciudad se aletarga las hojas de los arboles, caen... los amigos que hoy no están; estan en ella, perdidos, buscandose a través de un pequeño orificio, donde apenas pasa la luz del sol.
todos los hechos concluyen en lo mismo, en bellas, pensadas, automatizadas, programadas, coloreadas, mimetizadas, visualizadas, agrias muertas palabras.
he mirado un poco la caida de la lluvia este fin de semana.
me he puesto un sombrero de largas alas, y no he tenido ganas de escribirte; además no se qué contarte. buenos aires cada día apesta más a basurero, latas, hambre, preguntas sin respuestas...
no sé qué contarte
( De "Septiembre Sombrío" Poemas, Ediciones La Cebra Dormida, 1979)
Disparo contra el sol con la fuerza del ocaso, mi ametralladora está llena de magia, pero soy solo un hombre más.
Cansado de correr en la dirección contraria, sin podio de llegada y mi amor me corta la cara, porque soy sólo un hombre más.
Pero si pensás que estoy derrotado, quiero que sepas que me la sigo jugando, porque el tiempo, el tiempo no para.
Unos días sí, otros no, estoy sobreviviendo sin un rasguñón, por la caridad de quien me detesta.
Y tu cabeza está llena de ratas, te compraste las acciones de esta farsa, y el tiempo no para.
Yo veo el futuro repetir el pasado, veo un museo de grandes novedades y el tiempo no para, no para, no.
Yo no tengo fechas para recordar, mis días se gastan de par en par buscando un sentido a todo esto.
Las noches de frío es mejor no nacer, las de calor se escoje matar o morir, y así nos hacemos Argentinos!!
Nos tildan de ladrones, maricas, faloperos, y ellos sumergieron un país entero, pues así se roban mas dinero.
Y tu cabeza está llena de ratas, te compraste las acciones de esta farsa, y el tiempo no para. Yo veo el futuro repetir el pasado, veo un museo de grandes novedades y el tiempo no para, no para, no.
Cazuza-Brandao
Las escenas del video pertenecen a la película "Cazuza- El tiempo no para" del año 2004, sobre la vida del cantante brasileño,protagonizada por Daniel de Oliveira , dirigida por Walter Carvalho y Sandra Werneck. El libro pertenece a la madre de Cazuza, Lucía Araujo.
Estudié durante dos cursos en el Instituto Pedagógico la especialidad de Español-Literatura. En el año 1995, me trasladé a la Facultad de Artes y Letras – con un hijo nacido en agosto de ese mismo año- y terminé, después de cinco cursos, la especialidad de Filología Hispánica. Me especialicé en la literatura latinoamericana contemporánea y discutí una incendiaria tesis titulada “Palabras bajo presión. Un estudio sobre la literatura de la dictadura en Latinoamérica”. Al terminar la universidad había comprendido dos cosas: la primera, que el mundo de la intelectualidad y la alta cultura me repugnaba y la más dolorosa, que ya no quería ser filóloga.
En septiembre del 2000 me fui trabajar a una oscura oficina de la Editorial Gente Nueva, mientras arribaba al convencimiento –compartido por la mayoría de los cubanos- de que con el salario ganado legalmente no podría mantener a mi familia. De manera que, sin concluir mi servicio social, pedí la baja y me dediqué a la mejor remunerada labor de profesora de español –freelance- para algunos turistas alemanes que visitaban La Habana. Era la etapa (prolongada hasta el día de hoy) en que los ingenieros preferían manejar un taxi, los maestros hacían hasta lo imposible por trabajar en la carpeta de un hotel y en los mostradores de las tiendas te podía atender una neurocirujana o un físico nuclear. En el 2002 el desencanto y la asfixia económica me llevaron a la emigración en Suiza, de donde regresé –por motivos familiares y contra la opinión de amigos y conocidos- en el verano del 2004.
En esos años descubrí la profesión que me acompaña hasta hoy: la informática. Me di cuenta que el código binario era más transparente que la rebuscada intelectualidad y que si nunca se me había dado bien el latín al menos podría probar con las largas cadenas del lenguaje html. En el 2004 fundé junto a un grupo de cubanos –todos radicados en la Isla- la revista de reflexión y debate Consenso. Tres años después sigo trabajando como web master, articulista y editora del portal Desde Cuba.
En abril de 2007 me enredé en la aventura de tener un Blog llamado “Generación Y” que he definido como “un ejercicio de cobardía” pues me permite decir en este espacio lo que me está vedado en mi accionar cívico.
Vivo en La Habana, junto al periodista Reinaldo Escobar –con quien comparto mi vida desde hace quince años-. He apostado por quedarme y cada día soy más informática y menos filóloga.
Ha reaparecido la mujer de ojos entreabiertos y de cuerpo concentrado, andando por la calle. Ha mirado de frente, tendiendo la mano en la calle inmóvil. Todo ha vuelto a resurgir.
En la luz inmóvil del día lejano se ha quebrado el recuerdo. La mujer ha alzado la frente sencilla y su mirada de entonces ha reaparecido. Se ha tendido la mano hacia la mano y el apretón angustioso era el mismo de entonces. Todo ha recobrado colores y vida con la mirada concentrada, con la boca entreabierta.
Ha regresado la angustia de días lejanos cuando un inesperado e inmóvil estío de colores y tibiezas emergía ante las miradas de aquellos ojos sumisos. Ha regresado la angustia que ninguna dulzura de labios abiertos puede mitigar. Se cobija, fríamente, en aquellos ojos, un inmóvil cielo. Era tranquilo el recuerdo bajo la luz sumisa del tiempo, era un dócil moribundo para quien ya la ventana se aniebla y desaparece. Se ha quebrado el recuerdo. El apretón angustioso de la leve mano ha vuelto a encender los colores, el verano y las tibiezas bajo el vívido cielo. Pero la boca entreabierta y las miradas sumisas no dan vida más que a un duro, inhumano silencio.
(...) Quién no recuerda algo como una vieja lapicera o el tazón de chocolate de la infancia o algún reloj. Quién no recuerda después, tanto después, cuando cada objeto ya no es el pasaje sino el recuerdo. Entonces digo que los resplandores son cosa del pasado, de la mirada tangencial y retrospectiva, de esa mirada llena de tiempo para detenerse. En el presente hay circunstancia, tacto rápido, tiempo desesperado y urgente. En el presente no hay tiempo para los brillos ni para la mirada que prolongue la luz en el espacio. Los resplandores buscan su espacio en los viejos libros, en las fotos pasadas, en las cajas en las que guardamos los antiguos pasaportes cotidianos como reliquias de algún momento.(...)
Tú me envías tus poemas, Yo te enviaré los míos. Las cosas tienden a despertarse Aún a través de casual comunicación. Súbitamente proclamemos la primavera. Y burlémonos de los otros, de todos los otros. Te enviaré una foto también si me envías una tuya.
A la vera del océano, bastante al sur del Trópico de Capricornio, nací una medianoche de invierno. Allí, atrevidos púrpuras del crepúsculo señalan inconmensurables llanos de pastos y montes de fantasmas con espinas.
Descendiente directo de la sal y el eucalipto, he dormitado en la arena tibia de dunas increíbles, cobijado por la brisa marina de ancestros difusos y lejanos.
Por el viento, o por distracción, no icé banderas. Tampoco levanté estatuas a la posteridad.
La ciencia, la historia y los mapas, no han hecho mella en este cuerpo asoleado; y este corazón, felizmente abandonado a su suerte, se ha contentado con rendir culto a cierta poesía salvaje.
He creído elucubrar ecuaciones mágicas para resolver la incógnita del amanecer. Luego, en un autoirreverente satori, esas poco creíbles escrituras alimentaron la salamandra en las noches del alma.
"No señales el arcoiris", me dijeron. Salí al patio y lo señalé. Enseguida se cumplió -o así lo imaginé- el funesto vaticinio: me brotó una mancha negra en la punta del dedo. Corrí y se lo conté a todos. Y todos dijeron, a coro: "¿viste?". No me importó, seguí señalando cada arcoris hasta hoy. Nunca más volvió a salirme una mancha en el dedo.